martes, 6 de octubre de 2015

Huellas de terremoto y tsunami en Chile aún son imborrables


Las huellas del terremoto de 8.4 grados Richter y posterior tsunami que remeció el 16 de septiembre pasado a la Región de Coquimbo aún son imborrables y lo serán por unos buenos meses más, con las tareas de reconstrucción que avanzan lento y en medio de constantes réplicas del fuerte sismo.

Bastaron sólo 12 horas en la ciudad de La Serena, contigua al puerto de Coquimbo, para sentir el despertar de la naturaleza, con al menos tres sismos de baja intensidad que hacen imposible olvidar que en esta zona se produjo el mayor terremoto en lo que va de este año en el mundo.

Los habitantes de la zona ya están acostumbrados. Ya no salen despavoridos de sus camas si la réplica es de madrugada, aunque se quedan en alerta ante la posibilidad que el movimiento pase a mayores y se produzca un temido segundo terremoto, rumor infundado que irresponsables se encargan de difundir en algunas redes sociales.

“Nosotros ya no nos levantamos de la cama ni arrancamos con las réplicas, aunque las que son superiores a seis grados (Richter) se sienten fuerte y uno recuerda de inmediato la tarde en que ocurrió el terremoto. Ya nos acostumbramos a que la tierra se mueve todos los días al menos una vez”, apuntó Isabel María Guerra, una dependiente de un restaurante de la Avenida del Mar.

No finalizaba sus palabras cuando la tierra se manifiesta una vez más, en forma leve pero perceptible fácilmente en las lámparas que cuelgan en el local, las que se mecen para recordar que las réplicas estarán presentes por meses o años, según advierten los sismólogos, una profesión que podría ponerse de moda en Chile en los próximos años.

Guerra indicó que “las personas igual vienen a tomar tragos, a comer, pero se ubican cerca de las puertas de salida y están atentos en todo momento a si se siente un temblor. Por eso también estamos cobrando apenas traemos los pedidos, porque en un temblor fuerte la gente saldrá arrancando y algunos seguramente no volverán a pagar la cuenta”.

El terremoto y el posterior paso del maremoto no se refleja en gran medida en La Serena, capital de la Región de Coquimbo, la cual prácticamente salió ilesa del desastre y sólo sufrió la destrucción de algunos locales comerciales ubicados a la orilla del mar. Si no fuera por ese detalle, un extranjero no sabría que en esta zona se produjo un sismo 8.4 Richter hace menos de tres semanas.

Nadie aún se explica porqué el maremoto no arrasó por parejo con La Serena y Coquimbo, ciudades ubicadas una al lado de la otra y se ensañó con el puerto y sus embarcaciones pesqueras, una decena de las cuales, de gran envergadura, se encuentra en plena calle como testimonio de la tragedia del 16 de septiembre pasado.

La “Teresita II”, un pesquero de importantes dimensiones de colores azul y negro, descansa parada gracias a algunos maderos en plena calle Costanera, a la espera de la llegada de una grúa monumental que sea capaz de devolverla al mar. Expertos estiman que el mar creció frente a la caleta de pescadores al menos nueve metros, nivel suficiente para sacar a la calle las naves y dejarlas a varias decenas de metros del agua.

“Isla Picton”, en tanto, se encuentra a mitad de camino entre la Costanera y los roqueríos, mientras que unos metros más hacia el interior de la ciudad se encuentra “Trauwün I”, cuyos dueños aprovechan la coyuntura para limpiar su casco y reparar parte de la maquinaria dañada.

Las naves de metal fueron las que corrieron la mejor suerte. Pese a que el maremoto las llevó a la calle en pocos minutos tras el terremoto, los daños son menores comparados con los pesqueros de madera, varios de los cuales sucumbieron y se encuentran hundidos en la profundidad de la bahía de Coquimbo.

Otros, al menos tres, descansan en una playa cercana al puerto, semi-enterrados, por lo que es imposible sacarlos y rescatarlos, razón por la cual sus dueños optaron por retirar los motores y todo lo valioso para intentar rearmar otras naves que les permitan seguir trabajando.

A pocos metros de esta tragedia que viven los trabajadores del mar se encuentra un conjunto habitacional de cuatro pisos que salió ileso del terremoto, pero fue arrasado por el posterior maremoto, que en esa zona registró una crecida del nivel del mar de unos cuatro metros que cubrió totalmente el primer piso y parcialmente el segundo.

Una de las personas a cargo de los edificios, Marco Metifogo, relató a Notimex parte de la tragedia que han debido vivir los habitantes del condominio, quienes tras el terremoto dejaron sus hogares ante la inminente llegada del tsunami, el que arrasó con todo el lugar unos minutos después.

Los departamentos del primer piso fueron arrasados por al menos siete olas consecutivas y su mobiliario fue encontrado a más de 200 metros de distancia. Uno de los cuidadores, apuntó, salió nadando desde uno de los departamentos del primer piso y se refugió en el segundo nivel del edificio.

La pérdida fue total. Todos los departamentos del primer piso fueron arrasados. Sus divisiones interiores no existen, menos los artefactos de la cocina y el baño. Solo quedan las plantas libres con cables eléctricos y desagües del alcantarillado a la vista.

Metifogo apuntó que están a la espera de que las compañías de seguros respondan por los daños y comiencen las reparaciones de 40 hogares, tras lo cual se habilitará el servicio eléctrico y el alcantarillado en todos los edificios, los que se encuentran sin sus moradores y quienes realizan constantes rondas para evitar los robos de los bienes que salvaron.

Se supone que no antes de dos o tres meses todo volverá a la normalidad, aunque resulta muy difícil hablar de “volver a la normalidad” en una zona de Chile que resultó muy golpeada por el terremoto y posterior tsunami.

Las personas ya no volverán a ser las mismas. El temor a un nuevo terremoto es un “pan de cada día” que las réplicas se encargan de mantener vigente, aunque los expertos digan lo contrario.

NTX

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