miércoles, 25 de marzo de 2015

Investigación AP: ¿El pescado que come lo capturan esclavos?

En esta imagen, tomada el 26 de noviembre de 2014 a partir de un video, esclavos de Mianmar se apoyan en la cubierta del barco de pesca en el que trabajan en el puerto de Benjina, Indonesia. "Quiero irme a casa. Todos queremos", pidió un esclavo birmano, un grito repetido por muchos hombres. "Nuestros padres no saben de nosotros desde hace mucho tiempo, estoy seguro de que piensan que estamos muertos". (Foto AP/APTN)

BENJINA, Indonesia: Los esclavos birmanos se sentaron en el suelo y miraban a través de las barras oxidadas de su jaula cerrada, escondidos en una pequeña isla tropical a miles de kilómetros de casa.


 Un esclavo de Mianmar, mira a través de las
 barras de una celda 
A solo unos metros de distancia, otros trabajadores cargan buques con pescado obtenido por esclavos que ensombrece las redes de abastecimiento de los principales supermercados, restaurantes y e incluso tiendas de mascotas en Estados Unidos.

Aquí, en el pueblo de la isla indonesia de Benjina y las aguas circundantes, cientos de hombres atrapados son uno de los vínculos más desesperados entre las empresas y los países de la industria pesquera. Una intrincada red de conexiones separa el pescado que comemos de los hombres que lo pescan, y oculta una verdad brutal: Su marisco puede 
proceder de esclavos.

NOTA DEL EDITOR: The Associated Press notificó a la Organización Internacional para las Migraciones la situación de los hombres que participan en esta historia, a quienes luego la policía trasladó de Benjina por su seguridad. Cientos de esclavos permanecen en la isla, y otros cinco hombres estaban dentro de la jaula de esta semana.

Los hombres con los que habló The Associated Press en Benjina procedían en su mayoría de Mianmar, también conocido como Birmania, uno de los países más pobres del mundo. Fueron llevados a Indonesia a través de Tailandia y obligados a pescar. Sus capturas fueron enviadas de nuevo a Tailandia antes de entrar en el flujo de comercio global.

Peces capturados así pueden terminar en las cadenas de suministro de algunos de los principales supermercados de Estados Unidos, como Kroger, Albertsons y Safeway; en el minorista más grande del país, Wal-Mart; y en el mayor distribuidor de alimentos, Sysco. Se pueden colar en las cadenas de abastecimiento de algunas de las marcas más populares de los alimentos enlatados para mascotas, incluyendo Fancy Feast, Meow Mix y Iams. Pueden aparecer como calamares en los restaurantes de alta cocina, como sucedáneo de cangrejo en un California roll de sushi o como paquetes de pargo congelado reetiquetado con marcas comerciales que llegan a nuestras mesas.

En una investigación de un año de duración, AP entrevistó a más de 40 esclavos y ex esclavos en Benjina. La AP documentó el recorrido de un único gran cargamento de pescado capturado por esclavos de esa localidad, incluyendo calamares, pargo, mero y camarones, y lo rastreó por satélite hasta un puerto tailandés. A su llegada, los reporteros siguieron a los camiones que, durante cuatro noches, cargaron y repartieron los productos a decenas de fábricas, plantas de almacenamiento en frío y el mayor mercado de pescado del país.


trabajadores en Benjina, Indonesia, cargan pescado
 en un buque que se dirige a Tailandia.
 (Foto AP/Dita Alangkara)
Algunos pescadores, arriesgando sus vidas, pidieron ayuda a los periodistas.

"Quiero irme a casa. Todos queremos", pidió un esclavo birmano desde un costado de su embarcación, un grito repetido por muchos hombres. "Nuestros padres no saben de nosotros desde hace mucho tiempo, estoy seguro de que piensan que estamos muertos".

Sus capturas se mezclan con otros peces en numerosos sitios en Tailandia, incluyendo las plantas de procesamiento. Registros de Aduanas de Estados Unidos muestran que varias de esas fábricas tailandesas envían sus productos al país. También abastecen a Europa y Asia, pero AP siguió los 
cargamentos que llegaron a suelo 
estadounidense, donde los registros 
comerciales son públicos.

Las principales empresas identificadas por AP declinaron conceder entrevistas pero emitieron declaraciones en las que condenaban enérgicamente los abusos laborales; muchas describieron su trabajo con grupos de derechos humanos para que los subcontratistas mantengan sus estándares.

El portavoz del Instituto Nacional de Pesca, Gavin Gibbons, hablando en nombre de 300 empresas estadounidenses del sector que suponen el 75% de la industria, dijo que sus miembros están preocupados por las conclusiones de la investigación.

"No solo es alarmante, es desalentador porque nuestras empresas tienen tolerancia cero hacia los abusos laborales", dijo. "Este tipo de cosas florecen en las sombras".

Los esclavos entrevistados por AP hablaron de turnos de trabajo de 20 a 22 horas y agua potable contaminada. Casi todos dijeron haber recibido patadas, golpes o latigazos con colas de manta raya venenosa si que quejaban o intentaban descansar. Se les pagaba poco o nada.


Puesto de Stavis Seafoods en una exposición
alimentaria en Boston. (Foto AP/Elise Amendola)
El fugado Hlaing Min dijo que muchos murieron en el mar.

"Si estadounidenses y europeos comen este pescado, deben acordarse de nosotros. Debe haber una montaña de huesos bajo el mar", dijo. "Los huesos de esa gente formar una isla, de los muchos que hay".

El pequeño muelle de la ciudad está ocupado por Pusaka Benjina Resources, cuyo complejo de oficinas cinco plantas incluye la jaula de los esclavos. La empresa es la única de pesca de Benjina registrada oficialmente en Indonesia, y aparece como propietaria de más de 90 embarcaciones de arrastre. Sin embargo, los capitanes son tailandeses, y el gobierno indonesio está revisando si los barcos son realmente propiedad tailandesa. Pusaka Benjina no respondió a llamadas telefónicas ni a una carta, y no habló con un periodista que esperó dos horas en la oficina de Yakarta de la firma.

En el Puerto de Benjina, AP entrevistó a esclavos de una docena de barcos de pesca que trasvasaban sus capturas a un gran buque congelador, el Silver Sea Line.

El barco pertenecía a Silver Sea Reefer Co., que está registrada en Tailandia y tiene al menos nueve buques refrigerados. La empresa dijo que no tiene nada que ver con los pescadores.

"Solo transportamos la carga y nos contratan clientes en general", dijo el propietario Panya Luangsomboon. "Somos independientes de los barcos de pesca".

La AP monitoreó a ese buque, usando seguimiento por satélite, durante 15 días hasta Samut Sakhon, en Tailandia, y periodistas observaron cómo trabajadores cargaban la pesca en más de 150 camiones durante cuatro noches, antes de ser repartido a fábricas de la ciudad.

En estas plantas, representantes dijeron a los reporteros que vendían pescado a otros procesadores y distribuidores tailandeses. Registros de embarque de Aduanas de Estados Unidos identificaron los envíos específicos de esas plantas a estadounidenses, incluyendo marcas conocidas.

Por ejemplo, un camión se identificó con el nombre y el pájaro del logo de Kingfisher Holdings Ltd., que distribuye pescado congelado y enlatado en todo el mundo. Otro era de Mahachai Marine Foods Co., un negocio de almacenamiento en frío que también surte a Kingfisher, según Kawin Ngernanek, cuya familia gestiona la firma.

"Sí, sí, sí, sí", dijo Kawin, que también es vocero de la Asociación de Pesquerías de Ultramar de Tailandia. "Kingfisher compra varios tipos de productos".

Cuando más tarde se le preguntó por las prácticas laborales abusivas, Kawin no estuvo disponible. En su lugar, el gerente de Mahachai Marine Foods, Narongdet Prasertsri, respondió: "No tengo ni idea sobre ese tema". Kingfisher no respondió a las peticiones de comentarios.

Cada mes, Kingfisher y su subsidiaria KF Foods Ltd. envían unas 100 toneladas métricas de pescado de Tailandia a Estados Unidos, según los registros de Aduanas. Esos portes van a Stavis Seafoods, una empresa de Boston que abastece a Sysco, y otros distribuidores.

"La verdad es que este tipo de cosas son las que te quitan el sueño por las noches", dijo el consejero delegado Richard Stavis, cuyo abuelo fundó la compañía. Dijo que su negocio visita a procesadores internacionales, exige certificación notarial de prácticas legales y emplea auditorías de terceros.

"Hay empresas como la nuestra que se preocupan y trabajan tan duro como pueden", agregó.


Un ex esclavo de Mianmar que se hace llamar Mozet
(centro), uno de los varios que escaparon mientras los
barcos tailandeses estaban amarrados en el puerto
de Benjina, cortas tablones de madera de un árbol para
ganar dinero con el que comprar comida. (Foto AP/APTN)
Un patrón similar se repite con otras empresas y envíos.

La AP siguió a otro camión a Niwat Co., donde el copropietario Prasert Luangsomboon dijo que la empresa vende productos a Thai Union Manufacturing. Semanas más tarde, cuestionada sobre los abusos laborales en su cadena de abastecimiento, Niwat refirió varias peticiones de comentarios a Luangsomboon, quien no pudo ser contactado para más declaraciones.

Thai Union Manufacturing Co. es una subsidiaria de Thai Union frozen products PCL., la mayor empresa pesquera de Tailandia, 
con ventas anuales de 3.500 millones de dólares. Esta empresa matriz, conocida simplemente como Thai Union, posee Chicken of the Sea y está inmersa en un proceso para comprar Bumble Bee, aunque AP no observó nada relacionado con la pesca de atún.

Thai Union dice que entre sus clientes directos está Wal-Mart, y que envía miles de latas de comida para gatos a Estados Unidos cada mes, para marcas como Fancy Feast, Meow Mix e Iams. Estas terminan en las estanterías de importantes cadenas de supermercados, como kroger, Safeway y Albertsons, además de en tiendas de animales. Una vez más, sin embargo, es imposible decir si una lata en particular está fabricada a partir de pescado capturado por esclavos.

Thai Union dijo que es necesario el interés de muchas partes para erradicar esas prácticas abusivas.

"Tenemos que admitir que es difícil asegurar que la cadena de abastecimiento de la industria pesquera tailandesa es 100% limpia", dijo el director general de la empresa, Thiraphong Chansiri, en un comunicado enviado por correo electrónico.

Los pescadores esclavizados de Benjina no tienen ni idea de a dónde va el pescado, solo que es demasiado valioso como para que ellos puedan comerlo. Su desesperación era palpable.

Un tosco cementerio acoge más de 60 tumbas escondidas entre hierbas altas y lianas. Las marcas de madera están perfectamente identificadas, algunas con nombres falsos de esclavos y barcos. Solo sus amigos recuerdan donde fueron enterrados.

En el pasado, según cuenta el ex esclavo Hla Phyo, los supervisores de los barcos simplemente arrojaban por la borda los cuerpos, que eran devorados por tiburones. Pero cuando autoridades y empresas empezaron a exigir que se contabilizase a cada hombre a su regreso a puerto, los capitanes empezaron a almacenar los cadáveres junto al pescado en congeladores hasta su vuelta a Benjina.

"Estoy empezando a pensar que me quedará en Indonesia para siempre", dijo Phyo, limpiándose una lágrima. "Recuerdo haber pensado mientras cavaba que lo único que nos espera aquí es la muerte". De Por ROBIN MCDOWELL, MARGIE MASON y MARTHA MENDOZA | Associated Press 

AP|PMNEWS